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Carta abierta a H. Díaz-Casanueva

Por Winett de Rokha
 
 

Estimado Enrique Bello,

Nunca pedí yo nada a “Pro-Arte”. Pero, esta vez, por tratarse de mi marido, ausente, trabajando en el árido panorama del Sur, por el pan y la dignidad del hombre, pido a “Pro-Arte” y, particularmente a Ud., me publique esta respuesta a Díaz-Casanueva, que tan bien supo envolver en papel celofán una pequeña cantidad de pólvora.

Sin insistir demasiado y confiando en la rectitud de la revista, lo saluda cordialmente.- WINETT DE ROKHA.

 

He leído su “Evocación de Pablo de Rokha”. En realidad, su actitud paralogiza. ¿Es una apología inmensa o un ataque subterráneo que pretende con algún fin obscuro, socavar la personalidad definitiva de un hombre?

Resonancias de años le persiguen a Ud. para juzgarlo y se le hacen presente las antologías. Con tal material periodístico y con documento tan pobre, tan mezquino e inútil, no se puede escribir nada serio y Ud. lo hace siendo un escritor importante.

Las antologías, en nuestro país, han deformado, suprimido, silenciado, triturado la obra de un creador chileno, medular, que rompió los moldes académicos, abrió el camino de lo desconocido, arremetió, con crueldad talvez, el medio ambiente de un país y del continente y enfocó la realidad americana y mundial azotándola con látigo de fuego o exaltándolos apasionadamente. No permitió al impostor invadir los sagrados recintos de la Poesía. Por eso nacieron los enemigos y el séquito que contestó siempre a los calumniadores.

La precisa definición de la obra de Pablo de Rokha es la tónica de su lenguaje. No podríamos decir trayectoria sino construcción arquitectónica, dirección, estilo. Su técnica es premeditada como trinchera de defensa y sable de ataque. En ella resaltan las intuiciones centrales de lo heroico, lo trágico, los cósmico y lo diplomático, lo esencialmente humano. Formula una política de alto vuelo mundial y de profunda convicción marxista.

El heroico no tiene necesidad de hacer alarde de heroísmo. El héroe lo es a pesar de todo. Y algunas veces contra sí mismo en sus formas superficiales y anecdóticas.

Dentro de las páginas febriles de Pablo de Rokha, caminan los hombres, las mujeres, los ancianos, los niños. Caen las murallas y los templos, los muertos y los fantasmas, las teogonías, las teosofías, las leyes milenarias, las civilizaciones enterradas, los cantos puros del hombre primitivo y salvaje junto al trino perdido del Ave Fénix. Es el nacimiento de un poeta sin fecha.

Nunca su poesía recurrió al romance fácil, a la metafísica rimada, a los acordes marciales o románticos de la métrica como enervante confabulación de mentira y conquista de público.

Ha escrito Ud., Díaz-Casanueva, su “Evocación de Pablo de Rokha”, sin conocer el último libro del poderoso artista: “Arenga sobre el Arte”. De otra manera no habría dicho dos cosas absurdas ante el Continente: que de Rokha yerra cuando piensa y negarle su condición marxista.

“Arenga sobre el Arte” es la obra cumbre de un pensador genial y la obra íntegra de Pablo de Rokha es marxista, absolutamente marxista, arrancando más precisa y luminosa desde “Jesucristo”. Ud. mismo le atribuye su extraña lucidez.

En “Gran Temperatura”, en “Morfología del Espanto” supera la esfera de los mitos en forma rotunda aunque siempre fue contrario al mito, como conductor encima de la realidad, al cadáver, al dogma, sin que esto signifique una contradicción con el engendrador de dioses de la belleza.

Vino Pablo de Rokha de la provincia tétrica, pero es universalmente chileno, fortificado en el materialismo, jamás desvalido, con una vitalidad catastrófica. Su paisaje es fuerte y contundente, él es el paisaje vivo y tremente como en cualquiera imagen de su poesía múltiple: ¿Recuerda Ud. aquel “toro con la garganta repleta de uvas atorándose”?

Desprecia lo plástico “periodístico” en la imaginería popular medioeval tan cantada a lo largo de sus poemas, porque estima la médula arquitectónica.

En una carta a H.R. Haya, en el año 1913, en “Multitud”, encontraría Ud. cómo se define claramente la condición marxista, limpia y deliberada de Pablo de Rokha.

Su subconsciente está en ebullición permanente, atento y absoluto en recoger los rugidos de la sociedad que se derrumba y el canto de la que adviene y no entiende la nada, sino como lo opuesto al sujeto social.

No es un romántico en la fe expresión de la manoseada palabra. Su romanticismo es puro, de varón sobre la tierra, de patriarca o de poeta enorme y no lo oculta, mañosamente, porque nunca fue infantil ni aun en los años de su niñez extraordinaria.

Nunca escribió versos pensados.

No es triste, sólo dramático, no es melancólico sino furioso ante la injusticia social. No tiene complacencia en el material duro, fuerte, arrebatado, que entrega sin buscarlo. El burgués o el literato usado ya puedo epatarse o no, él seguirá empleando su propio vocabulario de ayer, de hoy y de siempre con honradez temeraria.

Naturalmente que el leerlo agobia. ¿Acaso son dulces églogas las que debe aparecer en los tiempos del hambre y de la bomba atómica?

Un mexicano ilustre escribió: “Su aliento arrebatador de superación dentro de sí, el marxismo, hace ascender el potente y heroico sentido de la poesía de Pablo de Rokha”.

Humberto Díaz-Casanueva: es demasiado grande Pablo de Rokha para que se le juzgue tan somera y distraídamente. Es un hombre futuro, de tranco largo, como una de sus expresiones felices y entre nosotros nadie espigará en su selva.


 
De Rokha, Winett Suma y destino, Editorial Multitud, 1951. Pág. CXXII
 
 
 
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