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Teoría del Arte Proletario

Por Pablo de Rokha
[2ª Parte]
 

Mordiendo el pan del soldado, años de años, la sal militar de lo heroico, el sable rugiente, que emerge, entre las banderas despedazadas, chorreando sangre de héroes, la atroz disciplina cuartelaria, la servidumbre eminente y formidable del fin dramático, viven los poetas, a la orilla del abismo territorial del régimen, polvorosos y arrasados por un simoun terrible, que brama espanto, desde los cuatro ojos de la tierra, sujetándose las acuchilladas entrañas. Sí, son tiempos obscuros, y una gloriosa lluvia de terror nos desgarra las espaldas, como un Dios furioso. ¿Cómo, nosotros, todos, nosotros los náufragos, que no han de naufragar jamás, nosotros, habríamos de cantar la saciedad de los hambrientos, los rostros más llagados que llorados y goteados del extraño cuotidiano, que es un pañuelo rasgado, ensangrentado, flameando entre arriados y tronchados pabellones de esclavitud, en los subterráneos de la desgracia, que es una gran catedral, una gran catedral de lágrimas, a la cual lamerá un perro de pueblos, con la lengua cortada del hereje, en aquel crepúsculo final, al final del limite final, en donde concluyen todas las cosas, y empieza el caos de llenar de vacío la nada vacía, lacia y estupefacta, como un pecho de fantasma?... Ajenos a la irresponsabilidad del usufructuario y del oportunista, ignorados o menospreciados, como pingajos, por el gobernante infeliz, hinchado de gobierno mediocre, seboso e indecoroso, como la cocina clandestina de la casa de putas, mordidos por los perros jocundos, que son la policía del capitalista-fascista, vivimos la gran soledad horrorosa de los desterrados de todas las patrias del mundo, trabajando nuestro oficio de maestros de invierno. No intentéis, pues, sorprender la vieja estrella del navío y la artesanía del creador, porque el hombre, que es, formidablemente el artista, se defiende con su herramienta, defiende su herramienta, su derecho a la dignidad de ser crucificado entre cien ladrones, como algo suyo, por derecho de conquista, ganado con la espada desenvainada, en la gran batalla con el infinito, y vosotros, ¡oh! desalmados, queréis robar la majestad de la desgracia divina, a quien, coronado de pálidas lágrimas, la obtuvo como destino y ufanía…

Si ESTAMOS en la vía pública, con las entrañas en la mano, ¿cómo queréis que SALGAMOS a la vía pública con las entrañas en la mano? El escritor es la criatura de las plazas públicas. Desnudo y encarnecido, está, medio a medio del universo y la sociedad humana, mostrando a los extraños, inadaptado, el drama de sus vísceras.

La historia de la humanidad es la historia de nuestra miseria y nuestra grandeza. Sus capitanes, sus santos, sus conductores de pueblos, sus caudillos y sus patriarcas, sus magos, sus profetas, sus políticos, sus sibilas, todos los mitos sociales y los Mesías, se han expresado en los grandes poetas de todos los siglos. Y, ahora, los filibusteros de Chile, los “ANIMITAS MILAGROSAS” del oportunismo de penitenciaría, los cuatreros santos, se levantan, alimentados por nuestro ingenuo potencial heroico. Echado en su colchón de pobreza, gritando y abandonado entre sus cuatro murallas de tristeza, gritando su soledad, sí, gritando su soledad y su majestad herida, el gran poeta parece un pelele maravilloso, precisamente porque es una gran águila, que anidó en un corral de gallinero. Además, estimados filisteos, recordad que todo ser extraordinario crea su propia escala de valores.

Ni son, ni suceden en el arte las cosas, como son y suceden en la tierra. El tiempo-imagen es allí lo que las categorías temporal-espaciales son en los fenómenos de conciencia y, en donde, terribles hipótesis, en donde, contradiciéndose, sobreponiéndose, lloraron los años luz, la desaparición colosal de las viejas estrellas, grita un orden estético, el nombre de las apariencias.

El rito bautismal del mundo se reproduce, diariamente, en el poema, derramando sangre humana, sobre la cabeza de la realidad recién nacida.

Si no escucháis la voz doméstica de vuestros parientes, ni el bostezo de vuestros pechos o vuestros sueños, fotografiados como cocodrilos venturosos, en el feliz pantano burgués, ni la patada de asno de vuestro pensamiento dominguero, sino escucháis en el fenómeno estético la comparación y el símbolo falaz del universo, escucháis, vivir y morir la humanidad y los antepasados, escucháis la humanidad y su batalla de siglos, por el destino del hombre, arrinconado por debajo de la razón humana, escucháis el significado esencial de la materia y la humanidad futura. A través del individuo poderoso, miraréis la multitud, soberbiamente desgraciada, a través del héroe, los gloriosos muertos de Dios y su categoría. Yo no me ofrezco, como una res carneada en el ara santa de los sacrificios, para entretener la rabia sádica del público fatal de los lacayos; nó; no me doy, sangrando, como los dioses suicidas, a vuestra locura de geófagos de los maravilloso, porque el arte no es el sobaco de aquella gran carnicería de divinidades, que es la ciencia. ¡Oíd! ¿Oís las trompetas del advenimiento del sol, encima del concepto de su utilidad fundamental, con relación a los graneros?

Pero, la universalidad del hecho artístico, su numen trágico y ecuménico, elaborado en lo pan-humano, y, depositario de la riqueza experimental de los milenios, su resplandor mundial no le inhibe, como pequeña grandeza cuotidiana, en cuanto materia de lo bello.

Nada del “ensueño” de los fabricantes de ideales, nada de la FANTASIA FANTASIOSA , de los que anhelan “la irrealidad artística; nó; la única realidad es la realidad artística, y, la realidad artística es la expresión de la identidad del universo, porque sólo el arte raja los límites del individuo, y el deslinde entre el individuo y el universo, entre el universo y el individuo. He ahí, por qué lo bueno y lo malo pierden su sentido, confrontados con la verdad estética. Sólo lo fallido, estéticamente, es lo inmortal, por IRREALIZADO, por ser un núcleo que no alcanzó la periferia, un viejo feto muerto en la urna nativa: lo romántico, la ramazón tronchada de un asombroso árbol arrecido.

Desde en donde concluye lo individual y comienza lo universal, a la misma orilla del abismo sin nombre y trágico, desde los subsuelos del ser, cargados de espanto elemental, desde los fondos ardidos y obscuros, en los que gravitan las larvas de los espantosos hemisferios del subconsciente, los sueños muertos, los actos falsos, lo confuso maravillosos, la religión se arrastra colgada a las entrañas del arte, gritando su actitud herida, que no habrá de lograr nunca la expresión buscada por los siglos de los siglos.

¿Qué queréis entender?, os emplazo furiosamente. ¿Qué queréis entender?, ¿pretendéis entender un poema, como entendéis un caballo? O sois lo suficientemente idiotas, como para querer describir lo indescriptible? Porque, adentro del arte, suceden los acontecimientos, no como suceden en el objetivo transitorio, sino como suceden en donde NO suceden las apariencias, totalmente redimidas del tiempo-espacio. ¿Qué queréis entender? Empapelado de “ideas”, el hombre olvidó sus orígenes, rompió el cordón umbilical con el infinito, y, únicamente, el arte podría restituirle la divinidad perdida, es decir, el espíritu SANTO de la tierra y de la bestia. Los obscuros sois vosotros, porque jamás nunca gritaron los relámpagos de Jehová en vuestro corazón ciego y utilitario. Es difícil el arte, es horriblemente difícil e inminentísimo; entrar a él, es como entrar a una gran montaña de pólvora fumando un cigarro, en la majestad de la noche, nunca tan tremenda y tan sombría como el corazón del hombre; no arribáis a los océanos, a entender los océanos, sino a escuchar la soledad del mundo.

Vosotros adoráis la realidad y la realidad no existe, la realidad es la historia, la realidad es la sociedad, y la sociedad es la lucha de clases.

El hombre existe, porque nosotros sabemos que existe, existe como expresión-acción y voluntad, como trabajo; el arte es la expresión del hombre; el arte es una enorme forma de trabajo mal remunerado, es la sociedad expresándose, la sociedad expresando al hombre, al hombre y al mundo, encadenados a la angustia total, encadenados al régimen capitalista de explotación del hombre por el hombre, encadenados a la condición enigmática del universo.

El artista es el trabajador intelectual, a quien la sociedad burguesa le ha cortado las manos y el corazón de las manos, arrancándole la lengua sagrada y pateándole las entrañas calientes y ensangrentadas, para que le alegre, llorando, sus desdichas.

Nó, distinguimos asesinos del fascismo imperialista, nó, nosotros no andamos estructurando lechos de miel para que os acostéis con vuestros queridos, en la suciedad escandalosa, en la cual engendráis angustia y dais verijas a vuestras ideas. Nosotros gritamos el horror de la agonía capitalista, nosotros gritamos la putrefacción y la acusación omnipotente de lo podrido a lo podrido; crucificados en la horrorosa y aterrada podredumbre, con nuestros deseos extranjeros, sublimes y descompuestos, nosotros gritamos la sociedad que nace, adentro de la sociedad que muere, creando un lenguaje maravilloso, con vuestro material neutro y en derrumbe. Por eso no damos ni pedimos cuartel, en esta gran matanza, en la cual no seremos asesinados.

He ahí que mi pluma es el puñal y el fusil de los héroes acumulados en la U. R.S.S. heroica.

No escribo licores de falsete, ni sonetos de caballo parroquial, que remonta dulces pajaritos tristes o gansos cebados de prostíbulo, para entretener las siestas y las cenas de los carceleros y sus yeguas: escribo los infiernos y el libertinaje de las culturas falsificadas, sacando los cantos del barro de los cantos; escribo el estilo de la descomposición angustiosa, con el objeto de expresar el sentido de la vida en imágenes, el sentido de la vida, a través de la sociedad, el sentido de la vida, como destino, como batalla, como designio, porvenir y categoría.

Un arte proletario, para proletarios, un arte proletario, para las altas y anchas masas combatientes, a todo lo redondo del planeta, un arte proletario y subversivo, para el proletariado, en este instante guerrero, porque todo el mundo será proletario superado.

Sin embargo, aquí no existe un propósito dramático espectacular, ni un fin utilitario, que derrumbe en cataclismos de oratoria, el estertor boreal de los orígenes; estas son masas que cantan, masas que rugen horrores, masas que braman, llorando o amenazando; la universidad popular del sufrimiento, esculpe el Chile del azote y la faena desesperada, en estos poemas chilenos y universales, criollos y universales, en los que todas las gargantas del mundo escupen sangre horrible.

Indiscutiblemente, forjamos un arte agónico y caótico del origen, el cual deviene cosmos-beligerante.

Toda la congoja del siglo viene del gran capital, porque el gran capital es tristeza y miseria acumuladas, y el tono del mundo lo da la explotación capitalista. Costumbre y sueño, reflejan la economía, y es de condición económica la ecuación de la relación hombre a hombre. Gentes del sur del orbe, nuestras terribles mantas abrigan corazones de navegantes, golpeados por el huracán de lo antagónico, y nuestra bandera negra, está consagrada a la divinidad oceánica, está bañada de dioses fúnebres, está azotada por los vientos corsarios de la plusvalía y el régimen. La tiranía de la burguesía espantosa, nos colocó fuera de la ley urbana, y somos salvajes, encadenados a un abismo. Nadie nos escucha, sino nuestros enemigos y los esclavos de nuestros enemigos, todos como lobos, el impostor nos acusa y nos difama, y la bestia cebada en la pitanza burocrática, nos da colazos en el honor, comiendo su santo afrecho en la República. El bandido de Dios no lee; come y roba la comida a sus semejantes. Por es, nosotros, trabajadores intelectuales, soldados del gran ejército de los humillados y los ofendidos sociales, montamos guardia, cuadrados, frente a frente a la humanidad futura. Martirio y rol sangriento, crucificados en la verdad popular, por el pueblo, y por todos los pueblos del mundo.

Terrosos y ensangrentados, somos pueblo, pueblo terroso y ensangrentado, en persecución de su imagen.

Por muchos milenios, naufragaría mi lenguaje, adentro de los pueblos de mis antepasados, desgarrándose y depurándose, hasta hacerse masa frutal en mi espíritu. Por eso, la tradición popular me pertenece. De catástrofe en catástrofe, rodando siglos abajo, como caballo sin heredad, mi estilo se alimentaba de edades y acontecimientos, para la gran empresa de producir el verbo de la unidad, entre la vida y la muerte. Porque, la antitesis existencial origina mi poesía, que es la voz tronchada de las multitudes y las muchedumbres de mi época, contradiciéndome. Lo blanco total y lo negro total pelean en nosotros; yo me desplazo entre una tesis y una síntesis, entrechocándome, con mi propio corazón, y su expresión aguda de antitesis, entrechocándome con la propia lámpara, con todo aquello que creamos, como luz en la gran tiniebla, con el esqueleto del pensamiento; en las tinajas de fermentación de mi instinto, están hirviendo juntas todas las formas y las sombras del universo. Soy un pueblo que habla, un pueblo que anda, un pueblo que ama, bramando, entre todos los pueblos, EL PUEBLO INTERNACIONAL y ETERNO.

Por tanto, trabajo la personal epopeya, con la epopeya nacional y universal de los trabajadores, como el único modo de conocerme y superarme, como individuo.

Mi acción es equivalente en posibilidades sociales, a la acción del obrero manual, mi hermano; como yo sólo soy un obrero de la inmensa y tremenda construcción de la humanidad, hacia la sociedad sin clases, la comunidad es la finalidad de mi creación, y la clase obrera, mi clase; soy la clase obrera, ni la aludo, ni la conduzco, la expreso, soy su expresión aterradora, soy la Hoz y el Martillo de la literatura.

El pueblo es la gran oreja, que se escucha a sí misma, el oído del infinito infinito, montado, medio a medio de las más inmensas torres del orbe “INTERNACIONAL”, el pabellón que flamea y resuena en la majestad humana.

Poetas del pueblo, pueblo, nos buscamos, arañándonos con gritazos organizados, como máquinas o como fábricas, en el estertor de la burguesía imperialista, buscando lo PAN-HUMANO universal, en el país tronador y pétreo, que come porotos de presidio, roncando a la orilla del gran océano. Sí, la eternidad nos azota y nos desgarra el lomo de varones fuertes, como tigres americanos. Pero, nosotros hemos jurado con juramento tremendo, vivir adentro de las llamas, escarbando el fuego con los huesos y el sueño, escarbando los antiguos mitos, con el puñal del estilo, entre las ruinas sagradas de los orígenes y los regimenes, escarbando la huella de Dios en las sepulturas y en las asambleas, malditos, heridos, divinos…

Entre los mundos y los tiempos.

 

 


 
De Rokha, Pablo La morfología del espanto, Editorial Multitud, 1942.
 
 
 
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