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Teoría del Arte Proletario (Fragmento)

 

Por Pablo de Rokha
 

Enfrentados a la naturaleza y al hombre interno, al gran enigma que plantea la existencia, peleando entre el ser y el no ser, su versificación dialéctica, a la sombra tremenda y sobrenatural de los símbolos, contestamos en este lenguaje, en el cual la eternidad relampaguea.

¿Anhelaríamos espantar los monstruos y los fantasmas, hablando la lengua tremenda tremenda de los monstruos y los fantasmas? Nó. Como los monstruos y los fantasmas son lenguaje, lenguaje que se azota y se destaca y se derrumba, entre eclipses y puñales, contra las águilas, este lenguaje no es el lenguaje de ellos, sino que ellos son este lenguaje; (porque todo gran lenguaje es fantasmal y monstruoso, cuando no sugiere, sino que contiene y ES las cosas): he ahí, entónces, que nosotros los guerreros y los matemáticos y los verdugos del arte, le estamos ya tocando las entrañas a la Poesía , al formular, dormidos, los términos del enorme e insobornable dilema de nuestro delirio, que es nuestro destino y nuestra gran alcurnia de jornaleros amarillos y aterrados de los maravilloso.

En aquel instante, de frecuencia tan siniestra, en el cual agoniza la substancia, emergiendo de lo inorgánico y la destrucción nueva y recia, la flor de lo podrido, irrumpe la máquina mágica del poema, báquica y trágica.

Todo el caos se precipita hacia las hachas de su garganta; rugen los toros, los cadáveres, los sapos y la culebras viudas, en la ceniza ardida del instinto, adentro de quien hay una araña creciendo de la descomposición, y un mar-océano degollado, mostrando el espinazo a las sabandijas, que sonríen, en actitud de estatuas; los antepasados echan frío y humo entre sus tinieblas.

Así presenta su frente el canto a la cuchilla del sol, el que le escupe una cruz negra e inmortal entre los bíceps.

¿Escribo lo enigmático? Precisamente. Lo enigmático se produce aquí, como un régimen, en virtud de la claridad que estalla el fenómeno estético, de su luz imperial y matemática, de aquel orden peligrosísimo que devino mito divino, liturgia e himno o cábala trágica, adacadabra y mundo, orden del desorden, orden dramáticamente dramático, como expresión de lo dramático. No buscamos el horror, lo espantoso resulta de la arquitectura verbal de esta vieja pirámide, que estamos creando, en este instante. Establecidos en el vértice del estallido universal, dirigido por nosotros, en donde reside el espíritu, la atmósfera crucial, estelar, total de lo existente, la dinámica de lo agónico, cogemos los cabellos del rayo nupcial, en los siglos mínimos, en que la vida pare, muere, nace e impone su poder impávido, echando a rodar cabelleras de vírgenes, por inmensos ríos de pus, rajando vientres de flores con dentaduras espantosas, que pertenecen a animales muertos en aquellos tiempos, hollando bellos e inmarcesibles cuerpos de mujeres idolatradas. De tal manera, lo extraño divide lo humano, invadiéndolo asistimos al paraíso de los vestiglos o los endriagos, y la ruina es equivalente a la criatura recién nacida.

Estamos, ahora, entrando a otro mundo, al mundo en cual la antigua geografía del mundo, flamea como una escoba nacional, en los funerales del miserable.

Entonces, aquí, ¿Por qué pedir la luz de la naturaleza, si la luz de la naturaleza alumbra, únicamente, en la naturaleza? Los rebuznos sublimes como talones, en los que se expresa la conciencia, no os servirán para definir lo indefinible, como le sirven, por ejemplo, los cuernos al profesor de filosofía. Además, rechazad lo inefable por lo inefable y la hechicería, pero, ¡cuidado con los gazapos!...

La buena fe de la montaña deshabitada, no le inhibe para parir un león de sangre, arrojándolo, desde las entrañas de las palabras, contra las murallas del objeto artístico, dominador del objeto religioso-filosófico.

Pero, si una imagen huye, entonces, como una joven vaca, a la cual va a violar un sacerdote de Jesucristo, yo le echo una gran lanzada a la garganta y la someto a la organización estética, porque no es bueno que nadie camine solo en la sociedad de las metáforas. Pues todo deriva del método, es decir, de la unidad del método y sus finalidades, tronchando los obstáculos. De lo que se desprende, que fondo y forma son los mismo, y, cuando el núcleo crece y crece el volúmen, los mostos revientan los zunchos, estableciéndose aquella feliz cintura de espumas, que es la satisfacción completa. Cuando creamos, todo lo sabemos, como cuando lloramos. Solamente que la sabiduría del vaticinio, la voz popular de los bardos, no ADIVINA, EVIDENCIA, no profetiza, ESTRUCTURA, los mundo amados del gran génesis, no creando afuera, ES, es lo creado, la inmortalidad de lo creado, y el hálito sobrenatural que le imprime las rugientes masas sociales, aclamándolos en las cocinerías y en los lechos gozosos de los vendimiadores.

Como el mundo todo es el hombre y las relaciones del hombre, los cantos son lo humano extrapotente, gritando en el relampagueo de las hachas usadas y el castigo social, el advenimiento de la maternidad inmortal, redimiendo al irredento.

Nosotros os entregamos la verdad, no como animal maneado de matadero, sino como un estado vital, como un país superior de signos, adentro del cual, hayáis la verdad, porque está la verdad, porque es la verdad, desde el momento en el que vuestra planta, troncha la cabeza de sus héroes muertos, en las batallas de la tierra. Quien toma contacto con nuestra gran negrura, se transforma en definitivamente iluminador sol eterno. Por lo tanto, no es posible al cantador que cante, si todos ignoran cuando está callado, y afirman que está llorando, cuando está pensando que los cantos no son pensados.

Nada es arbitrario, todo es regulado en las comunas del arte.

Un orden tremendo domina sus fronteras, en donde resurge el inconciente, trayendo en su hocico feroz el sentido de la vida. Pero a tal escala de valores, solo responde un abecedario, que entienden quienes abandonaron el entendimiento, a la entrada de los abismos subterráneos, alumbrando los espantos escalonados, con un incendio de veneno: la intuición, bestia del pantano boreal, vestida de paloma. Es definitivamente inútil, pretender entender, abrazar, entender el cuerpo del canto con la razón humana. Como todas las cosas se definen por su utilización, y los fenómenos estéticos sólo sirven para SER el universo, en cada minuto de sus pirámides, aquel que persigue usar el arte, usufructuando su grande misterio, como usa el hierro y usa las máquinas y usa el fuego, o simplemente el fusil invernal de su desesperación, se aterrará, como quien, al ir agarrar un huevo, agarra un sapo que le saluda, atentamente, como cualquier difunto bien educado, exclamando: señor, ¿es Ud. su sombra? Porque, ¡ay! de quien no fué azotado y crucificado y calumniado en su memoria, siete veces siete, y sufrió martirio y escarnio, y entendió lo heroico, por haber estado cantando, desollado vivo, en la sal quemante de todos los desiertos, mientras la luna sangraba su palidez azul de culebra mal comprendida, ¡ay! de aquel, digo, ¡ay! de aquel que presume el gran menester y oficio del creador, para colmar la vida superflua!... Nó, pantanosos mercaderes de lo divino, nó, sudorosos comerciantes, que engendráis, entre pitanza y pitanza, el monstruo del roñoso, en lo roñoso, como quien se traga la propia saliva, para no ir a buscar agua a la montaña santa, nó, animales de despreciable costumbre municipal, olvidaos de nosotros, por vosotros mismos, y huid de los mártires y los héroes, de los héroes y los mártires de la literatura, sino queréis regresar a vuestros pesebres, suciamente burgueses, con el corazón carbonizado por LA POESÍA !... Sí, porque, nunca nadie regresó de ella, sino se suicidó primero, como animal urbano. Y, únicamente herido y escarnecido, sobre las más altas montañas, se escribieron los acentos incomparables de los inmortales de Dios, de los esenciales de la sociedad, porque son los pueblos hablando, nó, clamando, no por la misericordia y el perdón criminal, sino por la justicia insobornada y terrible.

Aquellos que afirman que manejan una pluma y son poetas, si son poetas, se equivocan: empuñan la gran espada de fuego del arcángel paradisíaco, la gran cuchilla del fundador de ciudades y de naciones y del descubridor y conquistador de océanos, la gran hacha sagrada del pirata, coronada de calaveras e inmensas cosechas tremendas.

Sólo, únicamente, somos escritores, expresadores, creadores de la belleza total; pero la belleza es la verdad, la única verdad, la verdad total, la última verdad, la belleza es la verdad de todas la verdades, más la verdad de la belleza, es la verdad social y la verdad moral del mundo; por lo tanto, quien escribe sirve al pueblo porque escribe, cuando es la escritura es la epopeya del individuo. Sólo, únicamente, somos escritores, es decir, pueblo en trance de expresión, pueblo en armas, pueblo que talla y levanta y clava su corazón, entre los hechos eternos, condicionando la historia. No estamos al servicio del pueblo, porque somos el pueblo, el pueblo que ruge, clamante, contra el azote del explotador imperialista, como un león de dolor, montado por esclavos estremeciéndose en las mismas vísceras del universo, con rugido desesperado de planeta que se escombra.

No queremos lo inteligible, queremos lo intuíble por lo intuíble, no queremos los fenómenos mentales o intelectuales o conceptuales, queremos los fenómenos intuitivos, INTUITIVOS, no intelectivos, queremos el arte por el hombre, en función de la sociedad ardiendo.

Todo gran poema de todo gran poeta es claro, porque lo oscuro es lo irrealizado; pero es claro, con relación a su organización técnica, con relación a su espíritu, como es claro un toro, un volcán, un niño, una gran cosecha de granos: ¿entendéis la Gran Muralla China? Yo no escribo para que me comprendáis, -escribo para comprenderme, y, comprendiéndome, me defiendo de quienes pretenden comprenderme. Arrodillados, y, entrad adentro de la catedral del poema, si sois capaces de respirar la atmósfera del poema, sin que vuestros pulmones ACOSTUMBRADOS, estallen, como un pejesapo en la máquina neumática, o como la panza jocunda del banquero, frente a una idea. Yo deseo entregar el universo, en virtud de la sociedad, yo deseo expresar el destino del hombre. Yo deseo ordenar el mundo y la significación del mundo, en estos cantos viejos de lo inédito, que son lo inédito, porque son estilo y estrategia literaria. No voy creando estética, voy creando la materia de la estética. Y, como la inteligencia es la garra humana y la pezuña de lo útil, clavado en la civilización, es imbécil buscar la cantidad maravillosa del canto, como un hecho de conciencia, como es imbécil “MODULAR” la filosofía y es imbécil vestir de obispo o de rana o de escoba, que declama, tranquilamente versos de tonto en celo, en cualquiera recepción diplomática.

Aquí, presente, está lo enigmático y terrible de la naturaleza, lo problemático del ser, que vive, en virtud de que muere, obteniendo su identidad de la suma de los contrarios, y su unidad, su relampagueante unidad, de los términos antagónicos, que le hacen posible lo enigmático y lo problemático y la ferocidad inmortal de la vida: su síntesis bio-dinámica.

 


 
De Rokha, Pablo La morfología del espanto, Editorial Multitud, 1942.
 
 
 
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