Aquí dejo el establo que me diera
por tantos años, cálido hospedaje.
Si he de emprender, al fin, fúlgido viaje
lo sabrán las verduras de las eras.
-A otros campos pastar, otras praderas-
Relincharé de gozo en el viraje
hasta ajenos recónditos paisajes:
montes, colinas, riscos y laderas.
¡Altas frondas que enroscan las colmenas
harán presura de la sangre mía
hasta anudarme de fulgor las venas
al relincho veloz que ayer huía!
¡Y he de encontrar allá en la yegua ajena
lo que no pude hallar aquí en la mía!
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