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Nereida
por Ismaél Araya Díaz
 

Te humanicé, y heme aquí
prendado a Neptuno como un témpano
Tratando de desenredar esta madeja de hilos congelados
con la indiferencia implacable de tu silencio

Desconcertado, intento concebir una nueva melodía
Amanece, anoche soñé con la muerte de mi viejo
cada recuerdo lagrimado era yo
el mismo que caía en la tierra recordando
el momento en que sólo fui un aguacero sin fuerza

¡Quisiera haber golpeado tu sien con un mármol!
¿y silencio?

Busqué exorcizarme de tus lunares
aunque son un cáncer que transmuta el cráneo a negro
incluso, fijé mi vista en el cinturón de Orión
pero aquellas tres no hicieron más que desviar los versos del desvarío, inútilmente

Quizás rote en mi invierno
y un deshielo riegue a esa flor en el silencio,
o un eclipse se haga semilla en la sombra de Venus
mas yo, contemplaré desde un glaciar
el destello de una luciérnaga que se olvidó del frío

 
 
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